DE VILLA A CIUDAD


Habitantes de esta provincia:
Mañana será honrada esta Capital y su provincia con la visita de nuestro Augusto Monarca (Q.D.G.) y la del Soberano del Reino de Portugal, que se han dignado solemnizar en este pueblo con su presencia la inauguración de la línea férrea que nos pone en comunicación directa con Lisboa y con los principales pueblos de Europa.
Ante tan extraordinario suceso, que cambia por completo la situación moral y material de esta provincia abriendo dilatados horizontes a su actividad y desarrollo en el porvenir, ante el júbilo y entusiasmo que experimentan a su joven e ilustrado Monarca, no puedo menos de dirigiros la palabra como primera autoridad civil para recomendar a todos sin distinción la mayor cordura en los festejos que han de verificarse, a fin de que no se empañe ni rebaje por nadie el buen concepto que de honrada, pacífica y leal a sus Reyes ha gozado siempre esta provincia.
Cáceres conservará en su historia como página gloriosa las visitas que les hacen SS.MM. los Reyes de España y Portugal; y es preciso que al trasmitirla a las generaciones venideras, aprendan estas en su conducta ejemplar la manera que han tenido sus leales habitantes de honrar y enaltecer a los Augustos Monarcas que la visitaron.
Confiado en vuestra hidalguía e inquebrantable adhesión al Trono y a la Dinastía que felizmente reina, os aconsejo el mayor orden en todas partes y la más respetuosa, entusiasta y cortés acogida para SS.MM.
En la convicción de que así lo haréis, lícito me será decir que de regir esta noble provincia de carácter tan sumiso como levantado, está orgulloso y se encanece vuestro Gobernador
Eduardo González.
Boletín Oficial Extraordinario de la Provincia de Cáceres correspondiente al Viernes 7 de octubre de 1881.


En la muy noble y leal villa de Cáceres, a ocho días del mes de octubre de mil ochocientos ochenta y un años, dos reyes, Alfonso XII de España y Luis I de Portugal, tuvieron una cita con la historia. Las continuas discordias que enfrentaron a los dos reinos durante siglos se olvidaron en una ocasión tan propicia como inaugurar oficial y hermanadamente la línea de ferrocarril que uniría en adelante lo que el pasado se empecinó en mantener separado.

Los primeros silbidos de la locomotora, no obstante, ya se habían escuchado en Cáceres antes de tan magno acontecimiento...


A las cuatro de la tarde del día 28 de Junio del pasado año (1880), el silbido de la locomotora esparcía sus vibrantes ecos por los tranquilos valles en donde sólo habían repercutido los del monótono chirrido de la cigarra o el breve gorjeo de la alondra, y su negra chimenea incensaba con el humo de la civilización el espacio en donde únicamente se habían aspirado los perfumes del tomillo y el romero.
El primer tren se aproximaba a la estación. Multitud de personas lo aguardaban; músicas y cohetes le dieron la bienvenida... y entró en el andén con la misma majestad que un conquistador satisfecho de sus triunfos se posesiona del país que acaba de someter a su dominio.
Sin embargo, la llegada a nuestra villa de aquel prodigio de la mecánica, que iba a ponerla en comunicación rápida y constante con pueblos remotísimos, no arrancó a los espectadores las menores demostraciones de entusiasmo...
Extracto de la "Crónica de la venida a Cáceres de los Reyes SS.MM. D. Alfonso XII de España y D. Luis I de Portugal" de PUBLIO HURTADO PÉREZ.


No fue hasta que se completó toda la línea y finalizaron las obras de la primitiva estación de ferrocarril, situada donde hoy se levanta el polígono de los Fratres, que se procedió a al inauguración.


Personal de la línea Madrid-Cáceres-Lisboa, posando junto a la locomotora Hartman 220 núm. 9


Fue el propio rey de Portugal quien solicitó que los actos principales se celebraran en Cáceres. Se uniría, de esta manera, a Valencia de Alcántara, propuesta por las autoridades españolas, quienes ni siquiera contemplaron en un primer momento, en el primitivo diseño de la línea Madrid-Lisboa, que ésta pasara por ninguna capital de provincia o lugar de importancia.


Sería el descubrimiento y la explotación de fosfatos en el Calerizo, que gestionaba la entidad hispano-portuguesa La Fraternidad, al frente de la cual estaba un personaje emprendedor y bien relacionado llamado Segismundo Moret, lo que llevara a que el ferrocarril tuviera parada y fonda en Cáceres.


Se cuenta la anécdota de que, viniendo de aquella villa extremeña fronteriza, se hizo parada de descanso en la estación de Herreruela, y allí bajó un momento Alfonso XII vestido campechanamente. Viéndole los aldeanos, no juzgaron que aquel hombre fuera el rey de España, a pesar de que desde la comitiva se les insistía en que debían quitarse el sombrero ante su presencia.

- ¡Cá...! ¡Cómo ha de ser ése! - contestaron.

Escuchando los comentarios, el monarca les emplazó que esperasen a que mudase el ropaje y se presentara con otro más apropiado a su rango, uno de Capitán General. Así lo hizo y...

- ¡Ahora sí! - balbucearon atónitos los campesinos. Alguno incluso de mal humor, pues tal mutación le había hecho perder en apuesta una perra (moneda de cinco céntimos de la época)...

Llegados a Cáceres, la inauguración se celebró finalmente en esta villa, recogiendo el afecto de unas gentes, por otra parte no siempre afines a monarcas y príncipes castellanos, mucho menos a los vecinos portugueses. No obstante, la villa se había engalanado para la ocasión: calles que eran aún lodazales se habían empedrado y otras reparado; se derribaron algunas casas para ensanchar las vías públicas y ordenado blanquear todas las fachadas; festones de flores colgaban por todos sitios...


Luis I de Portugal
Alfonso XII de España


Ésta es la villa que vieron los reyes, una villa que, según reza la leyenda, murió aquel día, pues, de todas las celebraciones, destacó el brindis durante la cena que reunió a toda la comitiva en el salón de sesiones de la Diputación Provincial. Cuando se cruzaron los discursos de rigor, el español, fugaz y erróneamente, citó a Cáceres no como villa, sino como ciudad. Un perspicaz y despierto alcalde, Lesmes Valhondo y Carvajal, aprovechó oportunamente el fallo regio para dar por sentado el nuevo nombramiento, asegurándose que el propio rey no se desdijera pasada la inauguración.

- ¡Cáceres, ciudad! - pensaría el edil.

- Un monarca no comete errores... - diría el alfonsino, quien para enmendar el entuerto de la mejor y más solventada forma, decretó el inmediato nombramiento de Cáceres como Ciudad.

Y con él, para la historia quedó esa villa eterna. Maltraviesa... Romana... Almohade... Leonesa... De recio abolengo, banderías y aventuras indianas estampadas en cada rincón, los nuevos tiempos y el ferrocarril harían olvidar recuerdos grabados en piedra en la prieta y aquilatada Vetusta del Sur, como algún día la bautizó, no muy amablemente por cierto, el escritos Leopoldo Alas Clarín, que bien dedujo el apodo nada más respirarla... los mismos aires, quietos y enseñoreados, de la Vetusta por la que paseaba la Regenta.


Imagen de la antigua estación de ferrocarril, en el hoy polígono Los Fratres.


El despiste real, sin embargo, fue más bien invención de los populares mentideros de la ya nombrada ciudad... Al menos, pasó inadvertido para los presentes, incluido el mismo alcalde, pues ningún cronista de aquellos años, con el insigne Publio Hurtado un paso por delante, la recogió en documento alguno.


FUENTES:

HINOJAL SANTOS, JOSÉ LUIS. Historias y leyendas de la vieja villa de Cáceres.
HURTADO PÉREZ, PUBLIO. Crónica de la venida a Cáceres de los Reyes SS.MM. D. Alfonso XII de España y D. Luis I de Portugal.


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Jose Luis Hinojal Santos

Cáceres... en sus piedras es un mundo que rescato del olvido, para nuestro recuerdo y para acariciar nuestra imaginación con las mil y una historias que laten en sus viejas calles, vivir y sentir el aire quieto y sugerente de sus palacios y de sus templos como yo lo vivo y lo siento. Es el oxígeno necesario para mi alma de escritor.

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