MONOS DE HIERRO Y PIEDRA




La figura del mono es protagonista en la casa de los Cáceres-Nidos, en la calle Andrada del Intramuro cacereño. Es así, que esta casa se la conoce popularmente como casa del Mono, y a ella se le atribuyen diversos mitos y leyendas, algunos de los cuales ya han aparecido en sendas entradas en este blog, y otros a los que aún hay que guardarles cierta paciencia para conocerlos.



Se puede ver el simio en el pasamanos de la escalera que parte del coqueto patio interior de la casa, dirección segunda planta; un mono encadenado, en actitud quizá suplicante, sujeto por un criado. En el exterior, otro parece sostener o proteger el escudo esquinado, con una amenazante y aterradora mueca simiesca. Un tercero, de hierro, pende de unas cadenas, éstas de verdad; durante mucho tiempo fue símbolo exportable del llamado Museo del Mono, que tenía su local en este edificio antes que albergara la Biblioteca Alonso Zamora Vicente.




 

¿A qué tanto mono…?



Recordamos que fue costumbre de algunos religiosos caminar por esos campos de Dios llevando encadenado uno de estos animales, símbolo que era del demonio, y de esta guisa se presentaban en las distintas poblaciones. El mono era visto en el Medievo, influidas estas creencias por el Cristianismo, como una desviación, una suerte de imitación de lo humano, y por ello, un instrumento en manos del Diablo en su tarea de apartar a la humanidad de su parecido a Dios.

Nos recuerda la animalidad que vive en nosotros…



"Mono encadenado" de Hendrick Goltzius, 1592-1602. Ricksmuseum, Amsterdam



Es éste el motivo que aparezca representado doblegado y encadenado, tal como se aprecia en la citada escalera, tal como aparece sometido en el rótulo de hierro… La simbología será habitual en el norte de España a partir del siglo XII, pero sólo brillará en la villa de Cáceres gracias a esta casa tres siglos después. Lo convierte en una alegoría del dominio sobre el demonio y el mal, y de protección frente a malos augurios o la fatalidad, lo que mostraba la preocupación de quienes la levantaron en el siglo XV.



Igualmente, se le consideraba una criatura lasciva, por lo que aparece también asociado a la Lujuria, y el hecho de su presencia en diversas zonas de la construcción pretende ser un modo de ahuyentar de la familia el fantasma de este pecado capital, y evitar la condenación al Infierno.






De las tres famosas gárgolas que coronan la fachada, tradicionalmente se cuenta que la de enmedio aparenta una mujer que sostiene en sus brazos un bebé con rasgos simiescos, quizá como necesidad de dar soporte, cual si fuera una viñeta, a la leyenda del mono celoso. Una mirada más detenida nos dejará la visión de una mujer en actitud onanista, no tan evidente como la gárgola del palacio de la Isla, a la que dedicaré en el futuro una entrada, pero conservando igualmente su fuerza ahuyentadora del pecado de la lujuria.


Jose Luis Hinojal Santos

Cáceres... en sus piedras es un mundo que rescato del olvido, para nuestro recuerdo y para acariciar nuestra imaginación con las mil y una historias que laten en sus viejas calles, vivir y sentir el aire quieto y sugerente de sus palacios y de sus templos como yo lo vivo y lo siento. Es el oxígeno necesario para mi alma de escritor.

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