ENTRE FANTASMAS Y SERES ENCANTADOS (1ª parte)


Hay otros mundos, pero están en éste.
Hay otras vidas, pero están en ti.
PAUL ÉLUARD


Pasear por la bella y antigua villa de Cáceres, por calles cuyas piedras guardan recuerdos extraordinarios grabados en su generosa piedra, invita a un ejercicio sentido de imaginación que nos transporta a otras épocas y, aunque parezca descabellado, nos remite con frecuencia a otros mundos.

Porque en la bella y antigua villa de Cáceres convergen mundos ingrávidos de mito y superstición, donde los acontecimientos cobran un sentido mágico y poseen un valor esencial. La ignorancia... o el saber vivir en lo simple y en lo importante, han creado alternativas poéticas y románticas al drama de la traición, del deshonor, del castigo o de la soberbia, desfigurando sabiamente trágicos testimonios en relatos que superan la vida y perviven en la muerte, confinándolos a historias interminables protagonizadas por una eterna soledad y un dolor que trasciende la razón.




La bella y antigua villa de Cáceres nos sorprende con estos relatos... o con estas experiencias, de espectros atrapados en el drama de su vida y voces que reverberan por las piedras gritando la desesperación de la sinrazón que los confinó a su deambular. Nos salen al paso, con la complicidad de la noche y la sensibilidad del atrevido paseante. Son fascinantes presentes que nos trasladan a pasados que necesitan cerrar heridas.

Conocerlos, sus relatos o experiencias, encontrarnos con su cruel destino, nos acerca a otro Cáceres; magia y superstición en carne... ¡muerta!


Entre fantasmas...


Del pasado nos viene su nombre de casa de los Muertos, hoy convertido en casa-museo. Tras tiempos de abandono en una calle intramuros olvidada en las guías, la cuesta del Marqués, el museo Yusuf al Burch se puso de largo en los años setenta del siglo pasado... ¡y no defraudó! No por su colección arabista, sino porque se hicieron evidentes el movimiento inesperado e inexplicable de muebles y un ambiente que muchos percibieron y perciben como denso y sobrecogedor. El fantasma de la mora, como así se conoce el espectro, sorprende a estudiosos de lo sobrenatural, a programas de televisión dedicados al misterio... y a incautos turistas que, aun desconocedores de su para-existencia, salen precipitadamente del museo, con la angustia cincelada en sus caras al sentir su presencia.

Muy cerca de allí, en el jardín de Cristina de Ulloa, en pleno corazón de la villa intramuros, una niña invita en noches de Luna clara, a un macabro juego. La pelota se le escapó de las manos, y en su búsqueda se precipitó al fondo de un pozo, donde quedó atrapada para siempre. La niña de la pelota aparece al noctámbulo paseante, seduciéndole con su voz dulce y solicitándole que le ayude a encontrar la perdida pelota. De aceptar, le llevará a su cautiverio, un pozo fantasmagórico que muchos dicen que es el de aquel jardín.




Intramuros, un tercero pasea solitario con una raída vestimenta blanca de novicia. Su rebeldía ante un destino obligado por su condición de mujer, le llevó a tomar hábitos sin una fe sólida. Su romance apasionado con un joven de baja alcurnia suscitó las iras de un padre engañado, que lejos de entender, la confinó a un cautiverio en los aposentos que la vieron crecer, y que la verían morir. Mandó cerrar para siempre puertas y ventanas... y allí quedó su hija, la monja emparedada, llorando su infortunio.

De otro convento, en la calle Peñas del extramuro, otra novicia fue cortejada por un desconocido caballero, que la enamoró con bellas palabras y promesas. Sus votos se hicieron entonces pesados, deseando vivir otra vida, de mujer. Pero en esta condición, estaba obligada a la decisión de sus padres, quienes no vieron con agrado que abandonara su fe y sus futuros hábitos tan ligeramente. Desesperada, se arrojó a un pozo, y allí quedó sepultado su cuerpo y atrapado su espíritu. Años después, el convento desapareció, y en su lugar se alzó un teatro, llamado el Principal, que permaneció hasta entrado el siglo XX, en que su derribo dio lugar a un horno. El recuerdo del convento se perdió en el camino, pero el espíritu del fantasma del teatro principal quedó ligado a esta zona.

En la cerca de Marrón, lo que hoy sería la plaza del mismo nombre, el negro bozal se aparecía a las doncellas que paseaban por esta zona, hoy en el centro de la ciudad, pero hace cientos de años surcado por caminos apenas transitados a las afueras de la villa. Esclavo huido de su señor, maltratado por su condición, murió en  la soledad de esos campos, de hambre o de frío, renegando de las gentes de estas tierras. Su espectró quedó atrapado en una fatalidad imperecedera, destinado a engatusar a las mozas cacereñas con ciento y un artificios para lograr que le acompañen a su eterno cautiverio y aliviar su soledad.


Continúa en
(2ª parte)


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Jose Luis Hinojal Santos

Cáceres... en sus piedras es un mundo que rescato del olvido, para nuestro recuerdo y para acariciar nuestra imaginación con las mil y una historias que laten en sus viejas calles, vivir y sentir el aire quieto y sugerente de sus palacios y de sus templos como yo lo vivo y lo siento. Es el oxígeno necesario para mi alma de escritor.

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