ENTRE FANTASMAS Y SERES ENCANTADOS (2ª parte)


(1ª parte)

En las mentes de los frailes del monasterio de san Francisco pervivió por muchos años el recuerdo del férreo y altivo temperamento de María de Ovando, hija del capitán don Diego de Ovando y Cáceres, de fuertes resonancias históricas. La dama de negro mostró, en el lejano siglo XVI, buena disposición en ofrecer su patrocinio para que pudieran terminarse las obras del citado convento, pero quiso que su posición sobresaliese sobre las otras familias cacereñas. Su deseo fue rechazado, para quiebre de su desmesurado orgullo. Siglos después, dicen verla algunas noches deambular ataviada con vestidos negros, demandando lo que considera suyo.

Un último fantasma, éste proveniente del antiguo convento de monjas descalzas de la Purísima Concepción, hoy desaparecido y reconvertido su solar en plaza. El espectro de la abadesa quiso que sus hermanas abandonaran la descalcez obligada por la regla monacal, y manifestó una inapropiada obsesión en que llevaran chapines, un lujo de calzado para muchas y contrario a su voto de pobreza. Murió, mientras tanto, sin conseguir su empeño. Mas la muerte no impide que siga su demanda, pues su espíritu siguió apareciendo a las monjas y a quienes, por cualquier motivo, entraban en el convento... u hoy caminan por la plaza de la Concepción.





... y seres encantados.


Dicen que los fantasmas son personas fallecidas que, por cualquier motivo, son obligadas a transitar por el mundo de la vida, mostrando su infortunio y el profundo dolor y desgarro que les deparó su paso por él. En Cáceres, estos espectros que hemos señalado en líneas anteriores, conservan su aparencia humana, pregonan su desesperación, la sinrazón que les llevó a deambular como espíritus en pena, escenas, no obstante, cotidianas en una villa orgullosa y singular.

Otros, su destino les llevó a una suerte distinta, pero igualmente trágica. Fueron, por obra de palabras o conjuros, condenados a transformarse, en tiempos o lugares determinados, en seres encantados, o reducidos a voces y murmullos sólo audibles en la noche y en la soledad de las antiguas calles. De ellos damos cuenta...

En las noches de san Juan, cada 23 de junio, los maleficios aligeran sus cadenas, y los malditos son capaces de abandonar los cautiverios a que los confinan. Cuando suenan las campanas de la medianoche, se abren las secretas puertas de un pasadizo oculto, el de la traición por el que quedó encerrada la hija del Qaid y sus criadas, por cuya culpa los cristianos violentaron la villa cuando ésta era fortaleza musulmana. Con el último tañido, se inicia una trágica y lastimera procesión, pues las moras encantadas vagan por las oscuras calles intramuros convertidas en gallina y pollos de oro, hasta el amanecer en que vuelven a su prisión hasta la próxima noche de san Juan.

Otros dicen que la mora murió encadenada a los pilares del aljibe de la casa de las Veletas, maldecida y allí abandonada por su padre para que agonizase lentamente entre la humedad y el frío de las aguas. La dama del aljibe murió llorando desconsoladamente la traición de su amante cristiano, hasta que se ahogaron sus voces para siempre. Muchos aseguran escuchar hoy murmullos, apenas perceptibles, que surgen de lo más profundo del estanque: son los desesperados sollozos de la mora.

Igual víctima de un conjuro quedó atrapado el mono de la casa de los Cáceres-Nidos. Sometido a crueles experimentos y torturas inimaginables por obra de un alquimista, se rebeló y escapó de las manos de su cuidador, el tiempo suficiente para que, en la locura de su ira o por la ira que mostraba su locura, diese muerte a la familia de su amo. Antes de su último aliento, éste le maldijo y le convirtió en piedra... pero no logró enmudecer su rabia, pues algunas noches hay quienes dicen escuchar gritos no humanos de dolor y desesperación, cuando pasan junto a la mansión.

Parecido destino fue reservado a las gárgolas de la casa del Mono. En las noches en que la Luna brilla con mayor intensidad y confiere un halo mágico a las calles de la parte antigua, las formas pétreas de estas gárgolas se dibujan fantasmagóricamente en los muros cercanos, plateados por la luz del satélite. Reviven la cruel escena de la muerte de sus protagonistas, cuando el anciano alquimista transformó su familia, antes de fallecer, en los esperpénticos canalones de la casa.




Lejos de allí, en el monasterio de san Francisco, se cuenta que, en cuanto el Sol se pone tras el horizonte, una lechuza encantada sale de su escondrijo en lo más oculto de la iglesia, y hasta el alba picotea y araña con sus garras los escudos y sepulcros de los linajes de Ulloa y Golfín. Es la orgullosa y arrogante María de Ovando, otrora dama de negro, quién demanda que los blasones de su familia prevalezcan sobre los de sus rivales, y no cesará en esa eterna tarea en tanto no le concedan el deseado privilegio.

Y más lejos aún, en la cueva de la Becerra, en la zona del Junquillo, antiguamente allí acudían en las noches de san Juan. La becerra salía por arte de encantamiento de lo más profundo de la cavidad, mugiendo por la libertad de la que disfrutaría esa noche, y según la dirección que tomara en su carrera, así soplaría el viento con más frecuencia durante el año, previendo, además, si sería rico en lluvias o de sequía.


FUENTES:

ESCALÓN, ALONSO DE. Historia miscelánea de la vida de sor Juana de la Madre de Dios, religiosa en el convento de Descalzas de la Purísima Concepción en la villa de Cáceres.
HINOJAL SANTOS, JOSÉ LUIS. Historias y leyendas de la vieja villa de Cáceres.
HURTADO DE SAN ANTONIO, RICARDO. Leyendas del monasterio de san Francisco de Cáceres.


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Jose Luis Hinojal Santos

Cáceres... en sus piedras es un mundo que rescato del olvido, para nuestro recuerdo y para acariciar nuestra imaginación con las mil y una historias que laten en sus viejas calles, vivir y sentir el aire quieto y sugerente de sus palacios y de sus templos como yo lo vivo y lo siento. Es el oxígeno necesario para mi alma de escritor.

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