LA CASA DEL MONO Y DIEGO EL NEGRO


La casa del Mono hasta no hace mucho figuraba en las guías y libros al uso con el título poco conocido, y aún menos apropiado como pronto veremos, de casa de los Espadero-Pizarro. En sus páginas aparecía de forma un tanto testimonial aquel nombre tradicional, sólo a modo de pincelada forzosa, quizá por megalomanía de los investigadores y autores locales, quienes rechazaban o rebajaban el saber o el entender popular, sujeto a ciertas extravagancias que colisionaban con los documentos históricos y con sus pretensiones de rigor.


Ver los siguientes enlaces...


Afortunadamente, de vez en cuando, los ambientes técnicos reciben curas de humildad... Los nombres populares, cimentados en la tradición, apenas se equivocan, sólo hacen referencia a episodios deformados por la imaginación y la ignorancia que de lo que sucedió en verdad se tuvo y tiene. La historia, en cambio, es, irónicamente, más interpretable.




La casa del Mono atestigua uno de estos reconocidos errores que aparecían en las guías cacereñas y en estudios más eruditos, pues la mansión de los Espadero-Pizarro resultó ser, ahora y gracias al estudio de Mayoralgo y Lodo, casa de los Cáceres-Nidos, haciéndose eco del testimonio en piedra del escudo que campea en su fachada, cuartelado con Cáceres y Andrada a la izquierda, y Nidos y Pizarro a la derecha.

Espaderos y Cáceres fueron linajes con origen y, por tanto, armas comunes. La historia nos cuenta que esta casa la mandó construir, no un Espadero, sino don Gonzalo de Cáceres Andrada, casado en 1471 con doña Marina Alonso de los Nidos. El referido escudo, por cierto, se colocó siendo ya viuda doña Marina, pero esa es otra historia.

Haciéndose eco de este ajuste de cuentas histórico, cuentan muchos hoy día, quizá para darle un empaque innecesario de veracidad, que los protagonistas de las leyendas que circulan sobre lo que sucedió en esta casa al mono, o por el mono, son, precisamente, don Gonzalo y doña Marina Alonso. Atendiendo a estos relatos, este matrimonio no podía tener hijos y, por este motivo, el amante esposo regala el animal a su mujer para aliviar su soledad... Añade dramatismo, por ser personas de carne y hueso que vivieron en la vieja villa de Cáceres, pero lo cierto es que...

¡De su unión nacieron ocho hijos! Si bien sólo dos siguieron la descendencia, al permanecer los otros seis solteros.

Doña Marina Alonso sobrevivió veintiséis años a la muerte de don Gonzalo en 1500. Viuda, pero no sola, pues con ella vivieron sus tres hijas menores; a saber, Juana, que tomó hábitos, Constanza y Catalina. Todas ellas se mantuvieron doncellas, y serían ellas las que aliviarían la soledad de la madre...

¡Pero había, al menos, una quinta persona más en la casa! Y por ésta sentía un especial cariño y apego Constanza, pues incluso, llegada la hora de su muerte, se acordará de esta otra persona, dejando dineros y mandas para decirle misas en la iglesia de santa María.




Es Diego el Negro.

Del que nadie habla, del que nadie se acuerda. Porque era un esclavo al servicio de la casa, muy querido en tiempos en que muchos de los que sufrieron su suerte no eran siquiera estimados como personas, sino tal cual formaran parte del mobiliario.


Las mujeres en aquellos tiempos en que la esclavitud estaba permitida, sobre todo las viudas, solían convertirse en propietarias de esclavos cuando los recibían en dote o por donación; y aquellas que permanecían doncellas, como Constanza o Catalina, recibían el esclavo como legado.


Como quiera que fuera, Diego el Negro gozó de la consideración y afecto de estas mujeres, madre e hijas, quienes posiblemente le vieran, con los años, como un miembro de la familia. No ya Constanza le nombrará al testar, sino que se dejó recuerdo cincelado en piedra de él en la barandilla de la escalera principal de la casa...

... Pues Diego el Negro es, probablemente, el esclavo que sujeta con una cadena el famoso mono que da el nombre popular a la mansión de los Cáceres-Nidos, y cuya posición, más allá de su condición, dará lugar a las leyendas que se cuentan de este lugar.

Del mono aún no se sabe nada...


FUENTES:

MAYORALGO Y LODO, JOSÉ MIGUEL DE. La familia de doña Mencía de los Nidos. Heroína cacereña en la conquista de Chile.
PERIÁÑEZ GÓMEZ, ROCÍO. La esclavitud en Extremadura (siglos XVI-XVIII).


Suscribete

Jose Luis Hinojal Santos

Cáceres... en sus piedras es un mundo que rescato del olvido, para nuestro recuerdo y para acariciar nuestra imaginación con las mil y una historias que laten en sus viejas calles, vivir y sentir el aire quieto y sugerente de sus palacios y de sus templos como yo lo vivo y lo siento. Es el oxígeno necesario para mi alma de escritor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Instagram