EL TERREMOTO DE LISBOA (2ª parte)


(1ª parte)

Al terror inicial causado por el violento temblor y su duración, pronto circularon noticias traídas por las gentes que se habían levantado de madrugada para acudir a los campos de alrededor de la villa. Decían haber sido testigos de extraños fenómenos que se habían producido en el cielo nocturno, sobre las tres o cuatro de la noche, que consideraron que eran el presagio de la muerte y destrucción que iba a producirse.




De todos ellos, lo que más sobresaltó a los labradores y ganaderos cacereños fue haber visto en dicho cielo, hacia la parte de Levante, surgir de la nada lo que parecía un fenomenal cohete que se convirtió en una estrella, y durante un cuarto de hora estuvo escupiendo serpientes de fuego de poderoso tamaño, que se retorcían por toda la esfera celeste, provocando mucho espanto cuando una de ellas se acercaba a tierra en medio de un espeso humo.


Hoy se sabe, y aún no se ha dado una respuesta aceptada al fenómeno, que, con relativa frecuencia, los temblores de tierra son precedidos por las llamadas Luces de Terremoto, especialmente visibles durante las noches. Son conocidas desde escritos de la antigua Grecia, y hasta tiempo recientes eran fruto de muchos mitos y supersticiones relacionados con malos augurios, a falta de otra explicación.


Y estos mitos y supersticiones sirvieron de base a las creencias y miedos que se propagaron por las calles de la villa de Cáceres, y que el entonces Corregidor, don Juan Francisco de Lariz Olaeta, hizo llegar al rey Fernando VI y al Consejo Supremo de Castilla, a través de la siguiente misiva:


Cáceres, 22 de noviembre de 1755.
El Corregidor.
Ilustrísimo Señor:
Quedo observando y en observar la Real Orden de S.M., que V.S.I. me comunica, con fecha de 8 de este mes, para que se averigüen los efectos del temblor de tierra experimentado en esta villa el día primero de el mismo, a las diez y cuarto de la mañana, como lo que se pudo advertir antes y después de él, para acudir a el remedio de cualquier ruina que puede sobrevenir, a cuyo fin se está continuando el reconocimiento de casas y edificios por los Maestros alarifes, como participé a V.S.I. con fecha de 15 del corriente.
Lo que hasta ahora he podido averiguar, por deposición de personas de verdad, aunque del campo, que lo vieron es que la mañana del citado día primero de este mes, entre tres y cuatro de ella, vieron en el cielo hacia la parte de Levante un rasgo luminoso parecido a un cohete, o corpulenta exhalación de que se formó una encendida estrella, que en todo el tiempo de su duración, que consideran fue más de un cuarto de hora, estuvo sacudiendo unos rayos ardientes con figura de culebras, así como las que despide tempestuosa nube. Otros aseguran que la corpulenta exhalación llegaba a la tierra declinando desde su altura en resplandor piramidal, y otros afirman que su aspecto era como el de una culebra de poderoso tamaño qeu se desapareció entre un pabellón de espeso humo.
Luego, aquella mañana, a la hora de diez y cuarto, se experimentó en todo este pueblo, y país, el terremoto ya expresado, y se advirtieron extraordinarios efectos en los minerales de agua, pues en la fuente llamada del Rey, que riega todos los plantíos y hortalizas de la ribera de esta villa, en la distancia de una legua, y da uso a varios molinos y otras oficinas, tomó nuevo incremento en bastante abundancia que subsiste todavía. Y en otras fuentes se reconoció igual aumento, reconociéndose en alguna haber enturbiado el agua.
Que es cuanto hasta ahora he podido averiguar para ponerlo en noticia de V.S.I., como lo ejecutaré en lo demás ocurra, pidiendo a Dios guarde a V.S.I. los muchos años que deseo.
Cazeres, noviembre 22 de 1755.
Besa la mano de V.S.I. su más rendido y obligado servidor, Don Juan Francisco de Lariz Olaeta.
Ilustrísimo Señor Gobernador del Consejo.


Fueron semanas muy duras hasta que la tierra descansó.




El recuerdo del terremoto pervivió durante mucho tiempo, mientras el pueblo, desconsolado y temeroso, creyó en los malos presagios que parecían confirmar los continuos y fuertes temblores que siguieron a aquel primero del día de Todos los Santos, relatando, cada vez más exagerada y fantasiosamente, los rayos de muerte y las culebras de fuego que lo habían precedido. Abandonó su suerte a la acción divina, cuyo favor solicitaron en las colectivas rogativas que se celebraron mientras duró, y bastante después, el espanto.


FUENTES:

MARTÍNEZ SOLARES, JOSÉ MANUEL. Los efectos en España del terremoto de Lisboa (1 de noviembre de 1755).
SANGUINO MICHEL, JUAN. Notas referentes a Cáceres.


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Jose Luis Hinojal Santos

Cáceres... en sus piedras es un mundo que rescato del olvido, para nuestro recuerdo y para acariciar nuestra imaginación con las mil y una historias que laten en sus viejas calles, vivir y sentir el aire quieto y sugerente de sus palacios y de sus templos como yo lo vivo y lo siento. Es el oxígeno necesario para mi alma de escritor.

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