INAUGURATIO DE NORBA CAESARINA



Hemos asistido a cómo los presagios, el idioma de los dioses, han vaticinado el deseo de estos de que, en esta modesta colina donde nos hallamos, se levante Norba Caesarina. La legión romana, acompañada de los colonos, asiste en respetuoso silencio al rito fundacional, enraizado fuertemente en los mitos y tradiciones, que se repiten de forma inveterada en cada nuevo asiento, desde que Rómulo fundara la ciudad eterna, Roma.


Los gemelos Rómulo y Remo eran hijos de Rea Silvia, virgen vestal descendiente de Enas y de Marte, dios de la guerra. En el momento de su nacimiento, el malvado tío de su madre, Amulio (que había depuesto a su padre) la mata y arroja a los pequeños al río Tíber. Afortunadamente, al ser arrastrados hasta la orilla, una loba los protege, hasta que un pastor del viejo rey los encuentra. Al crecer los niños, les cuenta la historia. Entonces, matan a Amulio y restauran a su abuelo en el trono.
Luego deciden construir una ciudad junto al río Tíber, en el lugar en el que habían sido encontrados por la loba. Suben por una colina y buscan augurios de los dioses para decidir quien los habrá de gobernar. Rómulo vence ya que ha visto doce buitres y Remo solo seis. Victorioso, traza un círculo en el suelo con un arado para determinar el perímetro que tendrían las murallas de la ciudad, declarando que mataría a cualquiera que entrase en el círculo. Remo comienza a burlarse y salta por encima del surco, motivo por el que su hermano lo mata, convirtiéndose Rómulo en el primer rey de Roma.




La tierra, procedente de la antigua Norba latina, es depositada en la fosa abierta para tal motivo, el mundus, el centro de la futura colonia. Se garantiza su pervivencia colocando encima una losa y un altar donde se ofrecerá el primer sacrificio a los dioses Júpiter, Juno y Minerva.

Comienza la inauguratio, donde nada se deja al azar...


Como estamos observando, los romanos, antes de emprender una acción importante, hacían que el augur predijera el porvenir. Con el tiempo, nuestra palabra castellana "in-augur-ación" puso énfasis en "comenzar algo", más que en predecir la suerte de lo que se iba a comenzar.


Nuestro augur toma un arado de bronce, recordándonos la fiereza de este metal, al que engancha dos bueyes de distinto sexo y de color blanco, el de la pureza, asegurándose que nunca antes hayan portado yugo alguno. El macho, símbolo de la guerra y la fertilidad, hará el recorrido atado al arco exterior de la yunta, pues es misión del hombre defender con su fuerza la colonia del enemigo; la hembra ocupará el interior, pues la función de la mujer es el cuidado del hogar.

Sujetos a la yunta, caminan guiados por el sacerdote, trazando un surco (surcus primigenius) que va dibujando los límites de Norba Caesarina, procurando que las tierras levantadas viertan hacia dentro formando un montículo, pues sobre ellas se levantarán las murallas; en oposición, el agujero que va marcando la reja se utilizará para el foso. La empresa encomendada del arado no es tarea fácil en esta colina, pues está dominada por peñascos, sobre todo al oeste, que los animales, no obstante, van sorteando sabiamente, sin perder el deseado trazado rectilíneo de los cuatro lados del enorme rectángulo que va formándose.

Llegados al centro de cada uno de estos laterales, el augur frena a las bestias, y ordena a unos auxiliares:

- Portare.

Un par de romanos levantan el arado y lo transportan unos metros más adelante. En éstos no debe haber surco, son los lugares destinados a las cuatro puertas de entrada a Norba Caesarina, que en el futuro se llamarán Arco del Cristo, o Puerta del Concejo, la que mira al este; Puerta de Coria, o del Socorro, la que lo hace al norte; la desaparecida puerta de Occidente; y la Puerta de Mérida, la que resta del sur.




En época romana, al fundarse una colonia o un campamento, se procedía a trazar su perímetro mediante un surco provocado con un arado, tal como estamos leyendo. El surco trazado no debía ser traspasado, dado su carácter sagrado. Debido a que la gente debía poder entrar y salir de dicho perímetro, era necesario que hubiera tramos sin trazar, para lo cual se portaba el arado unos metros para señalar los accesos a la población, y en ellos se localizaban lo que llamamos puerta, cuyo nombre proviene de este acto de levantar el arado, portare.


Mientras dura esta labor de trazado, todos los presentes se encuentran quietos, expectantes, fuera del contorno. Nadie intenta pasar por encima del surco; los niños son sujetados para que tampoco lo hagan siquiera en sus juegos. Si alguien osa hacerlo, será castigado con la muerte, pues el surco es sagrado y el acto se considera una profanación y un mal presagio, signo de debilidad de las defensas de la colonia.

¡Norba Caesarina nace fuerte, invicta!

Solo queda el esqueleto de dentro. Uno de los presentes, el agrimensor, tomando como base de medición el mundus, marca una de las calles principales, en una correcta orientación este-oeste siguiendo el paso diurno del Sol, las horas desde su nacimiento a su ocaso en el horizonte, diez. Esta calle, por tal motivo, se llama decumanus. Perpendicular a ella, la otra vía que marcará la vida pública de la colonia, el cardus, une el norte con el sur. Allí donde se cruzan ambas, se abre el Foro; en los extremos encontramos las cuatro puertas de acceso, ya nombradas. Con las dos calles, Norba Caesarina queda dividida en cuatro sectores, a saber, siniestra, dextra, antica y postica.

En el año -34, Cayo Norbano Flaco y todos los presentes entran por la puerta de Septetrion, con sus mejores galas, en apropiada formación para tan feliz e importante acontecimiento. Ha nacido Norba Caesarina, madre de la futura Cáceres.


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Jose Luis Hinojal Santos

Cáceres... en sus piedras es un mundo que rescato del olvido, para nuestro recuerdo y para acariciar nuestra imaginación con las mil y una historias que laten en sus viejas calles, vivir y sentir el aire quieto y sugerente de sus palacios y de sus templos como yo lo vivo y lo siento. Es el oxígeno necesario para mi alma de escritor.

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