LAS CASAS DEL CAMARERO Y UN SOL ENAMORADO


Aquellos de aquellas flores
son los que llaman Holguines
que en Francia fueron mayores
pues vienen de los Delfines
de quien tomaron valores.

Conocido es en Cáceres el noble linaje de los Golfín. Con este apellido encontraremos dos de los más salientes y nombrados palacios de la vieja villa, llamados, por su emplazamiento, de los Golfines de Abajo, por estar en la colación intramuro de santa María, conocida antiguamente como barrio de Abajo, o de los linajes de Abajo; y el de los Golfines de Arriba, cercano a la iglesia de san Mateo, que da su nombre a la colación que también figuró en el imaginario local como barrio de Arriba, o de los linajes de Arriba. La topografía manda...




Embelesa el primero, por sus aires platerescos, de poco regalo estos en el Cáceres antiguo, muy gratificantes a la vista.

¡Esta es la casa de los Golfines!, sorprende y abruma poderosa y arrogante una inscripción en su fachada, con que acallar los eternos rumores de un pasado incierto y poco caballeresco, de una familia nacida al amparo de un tal Alfón Pérez, llamado el Golfín, vandálico y azaroso jefe de una partida de ladrones de ganado y dineros de todo aquel que transitara por los caminos y dehesas de las tierras de Cáceres y Trujillo, en el lejano siglo XIII.


Estos Golfines, oriundos de Francia, se apoderaron de varios castillos en las sierras de Cáceres, y desde allí salían a robar las cabañas trashumantes cuando pasaban de extremo a extremo; tuvieron luego sus casas en Cáceres, y adquirieron títulos de nobleza.
Extracto de "Siete centurias de la ciudad de Plasencia", de Matías Gil.


El palacio de los Golfines de Abajo, desde comienzos del siglo XVI, se conocía, hasta no hace muchos años, con el nombre más popular de casas del Camarero, en recuerdo y tributo de Sancho de Paredes Golfín, pues por oficio fue camarero de la reina Isabel I de Castilla, la Católica, y después de sus días, del rey de Romanos y de Hungría y Bohemia, su nieto el infante Fernando, como así gustó plasmarlo en su testamento antes de morir. Este Sancho era conocido de los Reyes Católicos desde joven, y muy apreciado por sus cualidades, de tal modo que le nombraron Continuo de la casa real y dieron permiso para colocar Cadena en la fachada de su morada.


La Cadena era símbolo del derecho de asilo, concedido a las casas en que habían habitado los reyes, pues éste fue el palacio donde se cuenta que la reina Isabel de Castilla, e igualmente después un ya viudo rey Fernando, se alojó en sus venidas a estas tierras. En los documentos, no obstante, se expresa que los reyes lo hicieron en casa de Alonso Golfín, que estaba junto a la muralla, y de la que se desconoce el lugar exacto donde pudiera estar ubicada, de ahí la tradición de señalar este otro palacio para acogerlos.


Las casas del Camarero son de los pocos edificios señoriales que, en esta villa, miran a poniente con firmeza y solicitud. Y esta orientación, quizá más obligada por el emplazamiento que por cualquier otra intención, le confiere personalidad y un atractivo inusuales.

Es por ello que las leyendas, más propicias a romper el yugo de la historia y de los documentos en los que queda plasmada, y proponer, a su vez, fantásticas y sugerentes respuestas a difíciles e intrincadas realidades y situaciones de facto, hilvanaron la extraordinaria relación de maridaje del palacio de los Golfines de Abajo con las luces del último Sol del día.




Reza, pues, la leyenda que en los largos atardeceres estivales cacereños, los últimos rayos del astro rey tintan las piedras golfinescas de las casas del Camarero de un suave y evocador dorado. Caracolean, como enamorados en un imposible y eterno cortejo, entre las formas platerescas de la crestería que corona la fachada, y jugueteando con los sillares y el mampuesto de sus muros.

¡Se muestran reacios a abandonar tanta belleza!

Es por ello que son tan largos los atardeceres en la vieja villa de Cáceres. El Sol se enamoró... y camina perezoso al horizonte, en la esperanza de un nuevo amanecer.


FUENTES:

AGUILAR, M.A.; GONZÁLEZ PORRAS, T.; BERMEJO, J.M. Cáceres. Ciudad Patrimonio de la Humanidad de España.
HINOJAL SANTOS, JOSÉ LUIS. Historias y leyendas de la vieja villa de Cáceres.
HURTADO PÉREZ, PUBLIO. Ayuntamiento y familias cacerenses.


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Jose Luis Hinojal Santos

Cáceres... en sus piedras es un mundo que rescato del olvido, para nuestro recuerdo y para acariciar nuestra imaginación con las mil y una historias que laten en sus viejas calles, vivir y sentir el aire quieto y sugerente de sus palacios y de sus templos como yo lo vivo y lo siento. Es el oxígeno necesario para mi alma de escritor.

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