LEYENDAS DEL CRISTO NEGRO (4ª parte)


(3ª parte)

Ciega quien, estando en pecado, mira la imagen.

Quizá de los tiempos en que el Santo Crucifijo era sacado para asistir a los reos condenados a muerte y ejecutados a los pies de la iglesia de santa María, nació la fascinante y aterradora creencia de que aquél que, estando en pecado, cruzase su mirada con la venerada madera, sería cegado.

Caló tanto este creencia en las mentes del pueblo que cuando el cristo procesionaba con ocasión de solicitar su intervención para remediar tiempos de sequía o epidemia, a su paso, los presentes, entre rezos y sollozos, bajaban la mirada, procurando que ésta no tropezase con la del doliente, mostrando, en igual medida, una sincera fe y un profundo temor.




Este respeto se extendió a cualquier acto que se hiciera en su presencia, fuera en procesión o en la soledad de su capilla. Cualquier entrega de devoción hacia el Santo Crucifijo sometía al devoto que se acercara de rodillas y permaneciera quieto y silente a una prudente distancia, no pudiendo siquiera rozarlo.


Muerte fulminante a quienes lo tocan, o siquiera rozan.

Igualmente, fue lacerante para la fe de los cacereños la creencia que arraigó en ellos de que quien tocara el Cristo negro caería fulminado en una extraña y dolorosa muerte. Y no era suficiente que se aludiese a que sólo afectaría a aquellos con manos impuras, por lo que pervive el temor del castigo, pues en la mente de todos existen recovecos de mala conciencia.

Como había que limpiar la imagen de vez en cuando, ante este aterrador momento se tuvo que llegar a adoptar la decisión de alquilar menesterosos de la villa, a los que nadie les concedía en otras circunstancias importancia y valor, para que realizaran este trabajo a cambio de una sustanciosa suma de maravedíes. Para la limpieza se utilizaba cebolla, en un doble lenguaje de protección y purificación.


Antiguamente, desde los tiempos de los egipcios, se consideraba que el uso de la cebolla para la limpieza de espacios e iconos neutralizaba los malos espíritus y pensamientos que pudieran albergar.


Y para quien, además de estas labores, tuviera que disponer de la talla y tocarla necesariamente, había de hacerlo con respeto y devoción, enguantadas sus manos en negro, luego de ensalzar el Santo Crucifijo con sentidos rezos.


El color del humo de las velas.


"Lo que más impresiona, con todo, es su color oscuro, casi negro". José Sendín Blázquez.


Iluminado durante siglos por antorchas, y encendidas a sus pies centenares, miles de velas, para expiar los pecados de sus fieles devotos, sobrevive la creencia en muchos de que el color oscuro le viene del humo de aquéllas, favoreciendo su aspecto sobrecogedor.


Aroma a flores.

Cuentan que, de vez en cuando, el Cristo Negro exhala un suave aroma a flores, sin que a su alrededor haya depositado ramo alguno. Aparece súbitamente, e impregna la capilla de los Blázquez donde reposa. El olor suscita en la religiosidad popular la creencia de que la talla es grata a los ojos de Dios.


El Cristo Negro y un bombardeo.

Es hora de ir finalizando esta relación de Leyendas y otros asuntos extraordinarios del Santo Crucifijo de santa María, llamado Cristo Negro, trayendo una excepcional circunstancia, que removió las supersticiones y las creencias populares de los cacereños, y que camina entre los renglones torcidos del relato de lo sucedido en Cáceres un día, no tan cualquiera, de la Guerra Civil que vivió España el siglo pasado.

El 23 de julio de 1937, hasta 29 bombas se escucharon esa mañana. Varias de ellas desolaron la plaza de santa María en hora de misa, dejando, tras el imprevisto ataque, una secuencia de muertos, hasta treinta y cuatro, y destrucción. Del entorno, el palacio de los Blázquez Mayoralgo quedó malparado, en ruinas; el resto de edificaciones vecinas sufrieron, y las secuelas del bombardeo aún pueden observarse en sus muros.


Palacio del Mayoralgo, tras recibir varias bombas el 23 de julio de 1937

Se cuenta que el alcance de las detonaciones se hizo sentir dentro de la propia iglesia de santa María, muriendo algunos y viéndose afectados otros. Solo aquellos que estaban rezando en la capilla de los Blázquez ante la imagen del Santo Crucifijo lograron salir indemnes del acontecimiento.

Y muchos recordaron, y recuerdan, que el Cristo Negro, incluso en tiempos difíciles, siempre ha estado expuesto a la devoción del pueblo, sin que se haya protegido expresamente en años de conflicto, de saqueo y expolio de las tropas francesas durante la ocupación napoleónica, o de la acción de ladrones. Y de todos estos episodios pasados, el cristo ha permanecido y permanece...


FUENTES:

CORRALES GAITÁN, ALONSO J.R. Historia y curiosidades de la santa Hermandad del Cristo Negro (de Cáceres).
HERNÁNDEZ PAZ, ELOY. El misterio de una imagen: Santo Crucifijo de Santa María.
SENDÍN BLÁZQUEZ, JOSÉ. Tradiciones extremeñas.


Suscribete

Jose Luis Hinojal Santos

Cáceres... en sus piedras es un mundo que rescato del olvido, para nuestro recuerdo y para acariciar nuestra imaginación con las mil y una historias que laten en sus viejas calles, vivir y sentir el aire quieto y sugerente de sus palacios y de sus templos como yo lo vivo y lo siento. Es el oxígeno necesario para mi alma de escritor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Instagram