LAS CENIZAS DE LA COCINA SANTA DE VALVANERA


A mediados del siglo XVII era tal la devoción que en Cáceres suscitó la imagen de Nuestra Señora de Valvanera, que se decía que cuando los remedios aplicados por los médicos de la villa no surtían efecto, éstos aconsejaban a los familiares de sus pacientes que pidieran favor a aquella virgen, a través de la ceniza de la cocina santa traída de su santuario, levantado desde tiempos muy lejanos en los valles de la sierra de la Demanda, en la Rioja.


"Venerase esta devotissima y antigua Imagen de Nuestra Señora en la Provincia de la Rioxa, y en su Serrania, en un Valle, que antse se llamaba de las Venas, o Veneras, por ser abundante de venas de diversos metales; el qual (mudandose poco a poco el vocablo) se llamo despues, y oy se llama Valvanera. Su antiguedad es tanta, que no pudiendo constar por autenticos testimonios, ha dado motivo, à que los Autores, que tratan de este devoto Santuario, se dividan en diversas opiniones. Unos quieren, que esta Santa Imagen haya sido fabricada por manos de Angeles, y colocada milagrosamente en el tronco de un roble, en donde aparecio despues, de la suerte que referire adelante. Otros intentan probar, que esta devota Imagen es una de las hechuras, que de la Virgen Maria formo San Lucas, y que la embio à España el Principe de los Apostoles San Pedro con los Santos Onesimo, y Gerotheo, Discipulos de San Pablo, y con las Santas Policena, y Sarra Xantipe, à quienes bautizo el Apostol San Andres, los quales, predicando la Fe Catholica por los Reynos de España, llegaron à los montes, que despues fueron llamados Distercios, y son ramos de los Pirineos; en donde, en un pago, que llaman de Mori, en el Valle Venario, colocaron la devota Imagen de Nuestra Señora;...
...Desde el tiempo, en que esta devota Imagen de Maria tomo posession de aquella montaña, comenzo à obrar prodigios, y milagros, por los quales, atraidos los Pueblos, la comenzaron tambien à servir, y venerar con religioso, y debido culto...".
Extraído de "Compendio historico, en que se da noticia de las milagrosas, y devotas imagenes de la Reyna de los Cielos, y Tierra, Maria Santisima, que se veneran en los mas celebres santuarios de España", de Juan de Villafañe.



La tradición benedictina asegura que san Atanasio, obispo de Alejandría en el siglo IV, huyendo de la furia de los arrianos vino a España y se refugió en el monasterio de Valvanera. Empleó su estancia en servir a la Virgen asistiendo a los muchos peregrinos y devotos que acudían a su templo, aderezando la comida que se les ofrecía y manteniéndoles caliente el hogar. Siéndole preciso gastar mucho tiempo en desocupar la chimenea de la cocina, por la gran porción de ceniza que dejaba la numerosa leña, y que este trabajo le privaba de ejecutar otros ministerios, suplicó a Nuestra Señora remediase esta necesidad. Éste fue el origen del prodigio que desde aquellas oraciones se produjo de continuo en la cocina, ganando reputación de santa, pues por más materia que consumía su fuego, no se hacía más ceniza que la suficiente para cubrir la brasa que quedaba y la necesaria para volver a encender más leña; y por los milagros que comenzaron a florecer por causa de dicha ceniza.

En la villa de Cáceres tuvieron noticia de los prodigios que mediaba la Virgen de Valvanera, después de que obrase un milagro en la persona de doña Inés Cotrina, quien, siendo doncella en 1649, adoleció del mal de las pintas, nombre popular que recibía el tabardillo o tifus. Esta enfermedad consistía en unas altas y perstinaces fiebres que iban dejando su huella en la piel en forma de manchas pequeñas y granillos morados, y que llevaban a la persona a manifestar delirios y a la postración, acabando, con cierta frecuencia en aquella época, en la muerte del enfermo.

Éste, y no otro, parecía el destino de Inés. Sin ninguna esperanza de vida y recuperación, fue desahuciada por los médicos de la villa. Los padres, desesperados ante la fatalidad del inminente óbito, gozaban de la consideración de hidalgos, y por tal motivo guardaban relación con un caballero llamado don Francisco de Guerra.

- Señor: nuestra hija muere por culpa de las malditas pintas. Nuestras últimas esperanzas pasan por vos.

- Lamento el fatal destino de la niña, pero ¿qué puedo hacer yo? No dudéis que lo que estuviera en mi mano, lo haría de corazón, mas me temo que esta solicitud escapa de mis posibilidades.

Le pidieron que les auxiliase en tan triste momento, encomendándole que, dada su mucha devoción por la Virgen de Valvanera, de cuyo santuario era muy afecto, trajese de aquellos lejanos lugares una imagen de Nuestra Señora y ceniza de la cocina santa, de la que habían oído decir que era milagrosa.




Presto tomó camino el noble para atender esta petición de socorro de sus amigos.

Vuelto a la villa con el encargo, dieron de beber los polvos, de la manera que era tradición, a la exánime doncella quien, al instante, recobró entera y perfecta salud. Todos los presentes reconocieron asombrados la obra de la Virgen en la insólita y refulgente mejoría, y dieron fe del milagro.

Pocos años después, una cacereña llamada Inés de Jesús regresó de una peregrinacióin al santuario portando en la faltriquera varias onzas de ceniza de la cocina santa e imágenes y una medida de la Virgen de Valvanera. Rápida circuló esta feliz nueva por la villa, y como en el recuerdo de muchos aún estaba presente lo sucedido a doña Inés de Cotrina, los enfermos, cuando los médicos se declaraban impotentes para curar sus dolencias, comenzaron a solicitar a aquella devota mujer bebedizos elaborados con las dichas cenizas.


FUENTE:

SYLVA Y PACHECO, fray DIEGO DE. Historia de la Imagen Sagrada de Maria Santissima de Valvanera, en el oriente de su hermosura en los montes distercios, y eclypse de sus luces en un roble hasta la plenitud de su candor en la aurora, que se descubrio en su hallazgo.



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Jose Luis Hinojal Santos

Cáceres... en sus piedras es un mundo que rescato del olvido, para nuestro recuerdo y para acariciar nuestra imaginación con las mil y una historias que laten en sus viejas calles, vivir y sentir el aire quieto y sugerente de sus palacios y de sus templos como yo lo vivo y lo siento. Es el oxígeno necesario para mi alma de escritor.

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