MUERA EL CLAVERO QUE MATÓ A HINOJOSA SIN POR QUÉ


Transcurría el año 1464. En la villa de Cáceres, se celebraban las bodas de Juana de Solís, hermana del maestre de la poderosa orden de Alcántara, Gome de Solís, don Francisco de Hinojosa, caballero trujillano de buena posición. Las celebraciones de este enlace eran ocasión de hermanamiento y pintiparadas para olvidar rencillas pasadas. Por este motivo, el maestre no dudó en invitar a lo más granado de la nobleza extremeña...

...entre quienes se contaba su rival, el clavero de la orden Alonso de Monroy, personaje poseedor de una fortaleza física asombro de la época y que pasaba, además, por ser caballero invencible en las armas y en la estrategia. Alonso quería suceder a su tío Gutierre de Sotomayor en el maestrazgo que detentaba el cacereño, lo que no sucedió por interponer la ambición y buenas maneras de don Gome.


El de maestre era el cargo superior de una orden militar en la Edad Media, de mucho poder sobre amplios territorios, en los que su influencia era mayor si cabe que el del propio monarca. El clavero era el encargado de proteger el castillo o convento principal, que se consideraba como sede de la orden, lo que se consideraba de mucha relevancia y, sobre el campo, el segundo del escalafón, destinado a sucederle.




La rivalidad y división no tenían lugar en esta ocasión, y presto estuvieron ambos, el uno en invitar y el otro en aceptar la invitación.

Solo que la paz no dependía solo de las intenciones del maestre, pues el novio guardaba rencor, cuando no envidia, al clavero, desde que eran dos simples mocosos que correteaban juntos por Trujillo imitando a los que en sus puestos estaban antes que ellos. Al lado de Hinojosa, también los hermanos de don Gome estaban dispuestos a aprovechar la ventajosa situación en que les ponía el apoyo de la mayoría de los invitados, para rendir a Alonso de Monroy y hacerle pagar la osadía de cuestionar la autoridad de su hermano.

Celebrados los esponsales en la iglesia de santa María, llegó el momento de disfrutar de la alegría con el juego de cañas. ¿Y qué mejor que acudir todos, nobleza y pueblo, a la plaza que comenzaba a florecen junto al lienzo occidental de la muralla (hoy plaza Mayor)?


"Fórmanse diferentes cuadrillas, que ordinariamente son ocho, cada una de ellas con cuatro, seis u ocho caballeros, según la capacidad de la plaza. Los caballeros van montados en sillas de gineta y cada cuadrilla del color que le ha tocado en suerte. En el brazo izquierdo llevan los caballeros una adarga con la divisa y mote que elige la cuadrilla, y en el derecho una manga costosamente bordada, la cual se llama sarracena; la del brazo izquierdo es ajustada, porque con la adarga no se ve.
El juego de ejecuta dividiéndose las ochos cuadrillas, cuatro de una parte y cuatro de otra, y empiezan corriendo parejas encontradas; y, después, con las espadas en las manos, divididos la mitad de una parte y la mitad de otra, forman una escaramuza partida, de diferentes lazos y figuras. Terminada ésta, cada cuadrilla se junta aparte, y tomando cañas de la longitud de tres a cuatro varas en la mano derecha, unida y cerrada igualmente toda la cuadrilla, la que empieza el juego corre la distancia de la plaza, tirando las cañas al aire y tomando la vuelta al galope para donde está otra cuadrilla apostada, la cual la carga a carrera tendida y tira las cañas a los que van cargados, que se cubren con las adargas para que ningún golpe de caña les ofenda. Y así sucesivamente se van cargando unas cuadrillas a otras, haciendo una agradable vista."
Extracto actualizado del "Diccionario de Autoridades".





El maestre mandó a los caballeros, como era costumbre, que lucharan entre sí los que quisieran, lo cual sería de su agrado y distracción. La fama del clavero como grande luchador le precedía, y a ello acompañaba el uso de unas armas tan pesadas que eran espanto de rivales. Ninguno de los presentes, para evitar el deshonor de la derrota, le invitó a medir fuerzas...

...salvo el novio, quien le hizo el ruego, negándose aquél en la sospecha de que la invitación no era sana.

Finalmente accedió Monroy a petición del propio maestre, pues todos los que allí estaban deseaban verle luchar, pero puso por condición de que había de hacerlo a su manera

...¡con una sola mano, estando la otra atada!

Esta afrenta soliviantó el ya de por sí extremado ánimo que en contra del clavero ardía en el trujillano y en los hermanos de Gome de Solís. Comenzado el juego, Hinojosa atacó con malas artes, tirando a su rival unas cañas, una de las cuales por milagro no le dio en un ojo. Sintiéndose el clavero ofendido y atacado sin fe, levantó contra el recién casado la vara y le asestó en la cabeza tal golpe que le derribó del caballo, cayendo maltrecho e inconsciente al suelo.

Creyeron muerto al novio y se formó gran alboroto. Entre la multitud se escuchó:

- ¡Muera, muera el clavero...! Que mató a Francisco de Hinojosa sin por qué.


Torre de los Púlpitos, desde donde una leyenda cuenta que el maestre asistió al juego de cañas


Los caballeros presentes intentaron hacer preso a Monroy, con poca fortuna pues éste se defendía valerosamente. Hasta que terció el propio maestre, quien viendo que su cuñado empezaba a moverse, fue donde la lucha y pidió al clavero su rendición. Consciente de su apretada situación, se entregó por fin, encomendándose a su justicia.

Preso fue llevado a Alcántara, y encerrado en las cárceles de esa villa. Las leyendas cuentan que de ellas escapó quebrando las cadenas que sujetaban sus manos, derribando puertas con la sola fuerza de sus hercúleos brazos.

Libre, reunió a sus partidarios y comenzó a guerrear al maestre, y ligados después cada uno a las banderías que asolaban Castilla, Monroy junto al rey Enrique IV y Solís en apoyo de la causa del infante Alfonso, llevó la división a Extremadura. ¡Y mucha sangre costó! Cáceres quedó enfrentada entre los del bando de abajo, que apoyaban al maestre, y los del bando de arriba, que ofrecieron su apoyo al clavero. La encarnizada lucha que comenzó llegó hasta 1477, en que la reina Isabel I de Castilla ordenaría, entre otras medidas para apaciguar la villa, el desmoche de las torres de palacios y casas fuertes de Cáceres.


FUENTES:

HINOJAL SANTOS, JOSÉ LUIS. Historias y leyendas de la vieja villa de Cáceres.
MALDONADO, ALONSO DE. Hechos de don Alonso de Monroy, clavero y maestre de la orden de Alcántara.
MUÑOZ DE SAN PEDRO, MIGUEL. Francisco de Hinojosa, el personaje inédito de un drama histórico.


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Jose Luis Hinojal Santos

Cáceres... en sus piedras es un mundo que rescato del olvido, para nuestro recuerdo y para acariciar nuestra imaginación con las mil y una historias que laten en sus viejas calles, vivir y sentir el aire quieto y sugerente de sus palacios y de sus templos como yo lo vivo y lo siento. Es el oxígeno necesario para mi alma de escritor.

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