SOBRE LA NIÑA DE LA PELOTA UNA ANÉCDOTA


Me pedís muchos de quienes habéis leído la entrada "La niña de la pelota" (pincha aquí para volver a leerla), que contara una anécdota que me sucedió mientras estaba con un grupo de escolares del colegio Castra Caecilia, y que guarda relación con este fantasma del que nos habla la leyenda.




Hará tres años que, como es tradición allí, los chicos y chicas de sexto de Primaria participan en una actividad relacionada con Halloween. Doy un paseo con ellos y ellas por la zona intramuros a la oscurecida, narrándoles las leyendas, mitos y supersticiones más entroncadas con el lado oscuro de las historias de Cáceres. Y así, en poco más de hora y media, caminamos a otro tiempo acompañados, entre otros, de

La bruja Ana la Casareña.

La posesa Inés Panduro.

El mono en la versión más macabra de la leyenda.

La dama del aljibe.

La monja emparedada...

Y, cómo no, la niña de la pelota.

Me encontraba narrando esta leyenda, para la que, pese a la noche, pusimos unos pañuelos sobre los ojos de los niños y niñas pretendiendo meterles más en situación, cuando percibí a una mujer algo mayor que se paró a escuchar el relato. Era raro por lo inhabitual.

Al finalizarlo, se me acercó visiblemente sorprendida, emocionada y... ¿asustada? Y me contó, a su vez, y luego de disculparse, su vivencia.

- Trabajo en... (omito el lugar para respetar el anonimato, y como Cervantes diré que "En un lugar del Intramuro de Cáceres..."). Algunas mañanas, mis compañeros y yo hemos escuchado extraños ruidos que no sabemos de dónde proceden, pero cuando acudimos a ver, desaparecen. Resuenan en las plantas de abajo del edificio. Tampoco sabemos qué son, solo que parecen como botes de una pelota. Buscamos y buscamos y... ¡nada! Se han repetido varios días.

"Mientras te he estado escuchando la historia, se me ha erizado la piel porque has descrito exactamente cómo es el sonido que oímos todos. No conocía la leyenda, y seguro que mis compañeros tampoco, porque nadie ha dicho nada parecido. Solo que, comentándolos, a ellos y a mí nos parecen botes de una pelota.


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Jose Luis Hinojal Santos

Cáceres... en sus piedras es un mundo que rescato del olvido, para nuestro recuerdo y para acariciar nuestra imaginación con las mil y una historias que laten en sus viejas calles, vivir y sentir el aire quieto y sugerente de sus palacios y de sus templos como yo lo vivo y lo siento. Es el oxígeno necesario para mi alma de escritor.

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