TRABAJOS Y MILAGROS DE UNA MONJA EN CÁCERES (y II)


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En una ocasión que venía de comulgar, Dios se presentó a sor Juana de la Madre de Dios, monja en el convento de la Santísima Concepción de la villa de Cáceres, y le mandó dijese el Credo. Conoció, por la solicitud, que su muerte estaba cercana y redobló, con resignación, sus oraciones. A su término, recibió un nuevo mandato:

- Ofrécelo todo por este religioso que bien conoces y debes saber que está enfermo -le dijo la voz, acerca de un fraile del que la crónica no da nombre.


Plaza de la Concepción, donde se ubicó hasta entrado en siglo XIX el convento del que guarda nombre. Imagen: www.extremadura.com


La madre ayudóle en la medida en que hizo en la anterior ocasión que salvó a un conocido suyo de unas espantosas tercianas, pero, al día siguiente, el monje falleció. Entendió que esta vez era la otra persona que moría por ella, y estando en este dolor, recibió este nuevo aviso:

- ¡Ahora has tú de morir tras él!

Acabar de escuchar estas palabras y padecer una recia calentura fueron todo uno. Atenta a su pronta muerte, hizo confesión general a la prelada, madre superiora del convento, contándole todos estos trabajos que ella padecía por otros, pero que, en esta jornada, creía ser ella misma la que moría. Las calenturas arreciaron algunos días más y, al cabo, sanó. Mientras tanto, a la prelada le dio un tabardillo por el que, en breve, dejó este mundo.


La fiebre punticular que cruelmente, por toda aquella comarca de Lusitania, que Extremadura (como si dijéramos más allá del Duero) se llama, por aquel entonces hacía estragos, y a la que unos dicen Pulicaris (de las pulgas), otros Lenticularis (de la lenteja), algunos Pulgón, la mayor parte Tabardillo y Tabardete, y entre nuestro vulgo se conoce con el nombre de Pintas.
Estracto de "De la fiebre epidémica y nueva, en latín punticular, vulgarmente tabardillo y pintas", de Luis de Toro.


En esta penuria, un sobrino suyo llamado Gonzalo Antonio cayó gravemente enfermo. La hermana de sor Juana, doña Catalina de Moscoso y Becerra, mujer de un poderoso caballero de la villa, don Diego de Carvajal y Ulloa, señor de la casa de su linaje, le rogó, sollozando y con el inmenso dolor de una madre reflejado en su cara, que tuviera mucho cuidado en orar y padecer por su hijo, de corta edad, al que los médicos daban pocas esperanzas de vida. A este trabajo se entregó la monja en cuerpo y alma, pues esta su familia en el mundo había sido bienhechora suya desde que la trajeron con ellos de Badajoz siendo niña. Rogó y padeció desde lo más íntimo por su pariente durante no pocos días, pues la enfermedad que padecía la criatura apretaba.

Finalmente, sus oraciones fueron escuchadas, y una buena mañana Gonzalo Antonio de Carvajal y Moscoso amaneció convaleciente y sano, lo que causó la admiración de los que hasta esas últimas horas le asistían abatidos esperando el fatal desenlace. Todos quedaron en la certeza de que la mejoría fue por las oraciones de sor Juana y dieron público conocimiento del milagro presenciado.




De igual fortuna participó otra niña, hija de una persona conocida de la religiosa. La desahuciaron los médicos que la atendían, y los padres pensaron que la enterrarían pronto. Grave era la dolencia, y en cuanto tuvo noticia de estos episodios, sor Juana de la Madre de Dios se aplicó en sus oraciones, en las que solicitaba padecer ella misma por la salud de la enferma. En su celda tenía una pequeña imagen de santa Rosa de Lima, y a ella encomendó sus secretos trabajos, pues de ellos nunca supieron los padres.

Sucedió que el día en que los doctores pensaron que habrían de enterrar a la pequeña, ésta comenzó a desvariar y gritar:

- Aquí está santa Rosa. ¡Veo a santa Rosa!

Tuvieron todos estas voces por delirios últimos y abandonaron las pocas esperanzas que aún albergaban. Pero al día siguiente

...en cuanto despertó de unos pesados sueños, pidió débilmente la niña que la vistiesen;

...quería levantarse y, dejándola los presentes hacer no sin miedo, paseó por la habitación en que estaba, iluminándola de alegría a cada paso; y

...al poco, cobró entera y perfecta salud.


FUENTE:

ESCALÓN, ALONSO DE. Historia miscelánea de la vida de sor Juana de la Madre de Dios, religiosa en el convento de descalzas de la Purísima Concepción en la villa de Cáceres, diócesis de Coria.
HINOJAL SANTOS, JOSÉ LUIS. Historias y leyendas de la vieja villa de Cáceres.


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Jose Luis Hinojal Santos

Cáceres... en sus piedras es un mundo que rescato del olvido, para nuestro recuerdo y para acariciar nuestra imaginación con las mil y una historias que laten en sus viejas calles, vivir y sentir el aire quieto y sugerente de sus palacios y de sus templos como yo lo vivo y lo siento. Es el oxígeno necesario para mi alma de escritor.

1 comentario:

  1. Sucesos que nunca me tocan cerca y en los que de momento no creo, pero la entrada pone la piel de gallina. Bonito blog!

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