UN OSO POLAR EN LA VIEJA VILLA DE CÁCERES


Hoy no contaré una historia, no...

¿O sí?

Quizá una curiosidad, una extravagancia o, con el tiempo, esa historia. Aunque puede que lo que a continuación escriba sea precisamente esa historia.

¡O puede que no!

Lo mismo da, pues de lo que se trata, aunque sea asunto menor, es escuchar todo aquello que nos quieran transmitir las piedras de los viejos muros cacereños, ya sean historias grandilocuentes o humildes chascarrillos fruto de la imaginación más ingenua y pasiva, al hilo de un paseo tranquilo y con los sentido dispuestos a anegarse en un océano de sensaciones e... ilusiones.


Cáceres oso polar
El oso de la calle de san Pablo



Existe un sutil juego a tres en el entramado que conforman, a su manera, tanto el mampuesto como los más trabajados sillares de la vieja villa de Cáceres. Un juego que protagonizan las texturas y perspectivas de los cantos, un lenguaje evidente aun engañoso; en el que participa la luz dura y excelsa del Sol de Extremadura, cuyos fieles y apasionados rayos golpean día tras día el granito y la cal cacereños; un juego que susurra y se alimenta igualmente de las entendederas de sus pobladores, que les lleva a detalles, figuras casuales cinceladas por la imaginación, que permiten ver donde no pueden ver, o ver lo que quieren ver.

¡Piedra, Sol y carácter!

La historia se deja guiar, en ocasiones, por los recuerdos. ¿Por qué no dejar que nuestros sentidos se abandonen, siquiera una vez, a las ilusiones? Es decir, permitir que las historias se construyan desde las ilusiones.

No obstante, ¿qué historia puede tener un oso polar en Cáceres?

Porque existe una piedra, un guijarro blanco modelado por millones de años de erosión en el lecho de un río, hasta que fue recogido por la mano de un cantero, de los muchos que había en la villa por los siglos XV y XVI, y arrojado de cualquier manera junto a otros guijarros y pedruscos en espera de su nuevo destino. Con todos sus compañeros se levantó un muro cuya importancia es la de estar donde está, aprisionado por la argamasa del compuesto de la calleja de san Pablo.




Un capricho inesperado hizo que nuestro guijarro blanco ofreciera al caminante de hoy una escena imposible, inadvertida para unos ojos que antaño desconocía de qué pudiera tratarse...

¡Un oso polar en Cáceres!

En un territorio equivocado, espera paciente que el imaginario popular construya una difícil historia en torno suyo.


La pareidolia es un fenómeno psicológico que afecta a nuestra percepción, engañando nuestros sentidos. Un estímulo ambiguo, como una imagen, adquiere en nuestro cerebro por error una forma humana, de animal o de cualquier cosa reconocible.


FUENTE:

Blog online caceresaldetalle.blogspot.com


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Cáceres en sus piedras

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