ALJIBES Y VELETAS EN LO ALTO DE CÁCERES


- ¡Esta es la casa de las Veletas, en lo alto de la vieja villa!

- No veo veletas, José Luis.

- No las hay, ni se cree que las hubiera antaño.

- ¿Entonces...?

- Cuentan las malas lenguas que antes, desde el viejo y duro camino procedente de Trujilo, lo primero que adivinaba la gente cuando en lontananza empezaba a emerger la silueta de Cáceres, eran la espadaña de la iglesia de san Mateo, la torre de las Cigüeñas y los pináculos de la casa de los Aljibes...


Cáceres casa de las Veletas


- ¿La casa de los Aljibes...?

- Sí. Antiguamente, así llamaban a la casa de las Veletas. Existían varias piezas en lo profundo de ella que recibían el agua de lluvia, y cuando ésta era generosa, se llenaban las arcas. En tiempos de necesidad, a un costado de la casa había una escalera de piedra, que aún se puede ver, y allí acudían las aguadoras con sus cántaros equilibrados encima de sus cabezas, a llenarlos aprovechando un caño que, al manipular una llave de bronce, vertía el preciado líquido. De ellos bebieron los abuelos de nuestros abuelos durante las frecuentes sequían que azotaban la zona.


Sobre el solar del antiguo alcázar de Cáceres, desaparecido en el siglo XV, Diego Gómez de Torres edificó su casa por privilegio del rey Enrique IV. Los Reyes Católicos le obligaron a tenerla con la servidumbre a favor de los vecinos de la villa de dejar libre el uso del agua del aljibe (aljibes en su época, pues varios muros pudieron dividirlo en varias salas) en tiempos de necesidad.


Imagen retrospectiva del costado sur de la casa de las Veletas, vista desde el callejón del Gallo. Autor desconocido.


- Sigo sin conocer el motivo de por qué se llama hoy de las Veletas, si nunca las hubo, José Luis.

- Te he hablado de los pináculos que veían primero los que venían a Cáceres por esos caminos de Dios.

- ¿Sí...?

- Pues esas malas lenguas dicen que los caminantes confundían los pináculos, y los tomaban por veletas, alegrándose de verlas pues significaban que el duro camino llegaría pronto a su fin.


FUENTES:

BOXOYO, SIMÓN BENITO. Historia de Cáceres y su patrona.
ORTÍ BELMONTE, MIGUEL ÁNGEL. Monografía de la casa de las Veletas. (En este artículo sostiente el autor que los pináculos sostuvieron en alguna época verdaderas veletas, de ahí el nombre de la mansión).
RAMOS RUBIO, JOSÉ ANTONIO. La casa de las Veletas de Cáceres.


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Jose Luis Hinojal Santos

Cáceres... en sus piedras es un mundo que rescato del olvido, para nuestro recuerdo y para acariciar nuestra imaginación con las mil y una historias que laten en sus viejas calles, vivir y sentir el aire quieto y sugerente de sus palacios y de sus templos como yo lo vivo y lo siento. Es el oxígeno necesario para mi alma de escritor.

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