LOS LEONES DE LA CASA DEL MONO


- ¡Maldito mono! - parecen vomitar los leones de la casa del Mono.

Sujetan pétreos el blasón familiar de los Cáceres-Nidos, el que campea en la fachada, esperando pacientes que se dirija a ellos, siquiera un momento, la atención del observador,

' que abandone las famosas y hermosas gárgolas,

' que deje de rememorar la trágica leyenda del Mono.

Porque ellos, los leones, también tienen una historia que contar, una historia imposible por olvidada y sepultada bajo la gravedad que ejercen aquellas. Aun así perseveran, aunque su relato quede rebajado a la consideración de anécdota o detalle.


Cáceres casa del Mono



Hace siglos, las sangres hirvieron en un pleito que separó los otrora buenos lazos que unían a los Nidos y a los Durán de la Rocha cacereños, no se recuerda por motivo de qué.

- La culpa del olvido es del maldito mono... - resumen los leones, en actitud parlante. Antes, la historia que nos dio forma era conocida, señora de comidillas malintencionadas, y las gentes se acercaban a la calle para mirarnos a nosotros y lanzarnos miradas cómplices y jocosas.

Malas artes presumieron los primeros de los segundos, y se sintieron agraviados por ello. ¿O quizá fue la soberbia? ¿O la venganza? Los menospreciaron y desearon mancillar el honor que portaba la sangre de los Durán de la Rocha, infamarles a ojos de la nobleza de la vieja y rancia villa de Cáceres. Perdiendo el pleito, mandaron cincelar para ellos dos leones, iguales al que campeaba en el blasón familiar rival, y los colocaron en la fachada de su casa, la de los Cáceres-Nidos,

' la del dichoso Mono,

para sujetar sumisamente, mientras estuviera la mansión en pie, sus propias armas,

' ¡con el rabo entre las patas!



FUENTES:

ACEDO FERNÁNDEZ PEREIRA, FRANCISCO. Paseo por la eternidad.
HINOJAL SANTOS, JOSÉ LUIS. Historias y leyendas de la vieja villa de Cáceres (haz clic en el título).


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Jose Luis Hinojal Santos

Cáceres... en sus piedras es un mundo que rescato del olvido, para nuestro recuerdo y para acariciar nuestra imaginación con las mil y una historias que laten en sus viejas calles, vivir y sentir el aire quieto y sugerente de sus palacios y de sus templos como yo lo vivo y lo siento. Es el oxígeno necesario para mi alma de escritor.

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